El 10 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental, una fecha promovida para llamar la atención sobre los problemas de salud mental, reducir el estigma y movilizar esfuerzos para mejorar la atención. En 2026, la Organización Mundial de la Salud propone un mensaje particularmente significativo: “Escuchemos a las personas con experiencia vivida: voces reales, cambio real”. La campaña busca que quienes han vivido directamente problemas de salud mental no sean solamente escuchados, sino que participen en el diseño, implementación y evaluación de las políticas y servicios que les afectan.
El mensaje resulta pertinente porque la discusión sobre salud mental ha dejado de ser exclusivamente una conversación sobre enfermedades o trastornos individuales. Hoy existe un consenso creciente en torno a que la salud mental está condicionada también por factores sociales, económicos, familiares, laborales, educativos, ambientales y territoriales. La pobreza, la violencia, la discriminación, el aislamiento social y la exposición a situaciones adversas pueden incrementar los riesgos y dificultar la recuperación.
En el mundo, la magnitud del problema es considerable. La OMS estima que más de 1.000 millones de personas viven actualmente con una condición de salud mental. Los trastornos de ansiedad y depresión se encuentran entre los más frecuentes. En 2019, antes de la pandemia, se estimaba que alrededor de 970 millones de personas vivían con algún trastorno mental. Estas condiciones representan además una parte importante de la discapacidad mundial y pueden afectar las relaciones familiares, el desempeño educativo y laboral, así como la participación social.
Sin embargo, los sistemas sanitarios siguen teniendo dificultades para responder a esta demanda. El Mental Health Atlas 2024 de la OMS, publicado en 2025 con información de 144 países, encontró que la salud mental continúa recibiendo alrededor del 2% de los presupuestos de salud, una proporción que prácticamente no ha cambiado desde 2017. También persisten grandes diferencias en disponibilidad de recursos humanos y financiación entre países.
En Colombia, según la Encuesta Nacional de Salud Mental 2025, desarrollada por el Ministerio de Salud y Protección Social, existe una situación compleja. Aunque una proporción importante de la población mantiene una percepción positiva de su vida y sus relaciones, se observan simultáneamente mayores niveles de ansiedad, depresión, soledad, discriminación y diferentes formas de sufrimiento emocional. Algunos análisis de los resultados de la ENSM 2025 señalan que los diagnósticos de depresión se habrían triplicado frente a la medición de 2015 y los de trastorno de ansiedad generalizada se habrían cuadruplicado.
La encuesta también pone de manifiesto la importancia de factores que tradicionalmente han permanecido en segundo plano en las políticas sanitarias: soledad, discriminación, condiciones económicas, dinámicas familiares, entornos digitales, violencia y desigualdades territoriales. Esto obliga a superar una concepción de la salud mental centrada exclusivamente en la consulta con psicología o psiquiatría.
La conducta suicida ofrece uno de los indicadores más preocupantes. De acuerdo con información del Ministerio de Salud, en el país, en 2025, se notificaron 38.791 casos de intento de suicidio y, en 2026, con corte a la semana epidemiológica 35, se registraban 26.412 casos en Sivigila.
La información epidemiológica permite observar además que los problemas familiares, los conflictos de pareja, las dificultades económicas y los problemas escolares o educativos aparecen entre los principales factores asociados a los intentos de suicidio. Preocupa, además, que exista una concentración especialmente elevada entre personas de 15 a 29 años.
Uno de los mayores desafíos colombianos es la desigual distribución de las capacidades de atención. Un análisis del Ministerio de Salud señala que los especialistas en psiquiatría se concentran fundamentalmente en las grandes ciudades y que existen departamentos con una disponibilidad extremadamente baja.
La brecha es particularmente visible en territorios afectados simultáneamente por pobreza, violencia, desplazamiento, conflicto armado y dificultades de acceso a servicios. Esto evidencia una cuestión central: la salud mental es también una expresión de las desigualdades sociales y territoriales. No resulta suficiente aumentar las consultas de psiquiatría en las capitales si las comunidades rurales, indígenas, afrodescendientes, víctimas del conflicto, niños y adolescentes continúan enfrentando dificultades para acceder a atención oportuna.
La crisis del sistema de salud también es una crisis de salud mental
La discusión adquiere una dimensión adicional en el contexto actual del sistema sanitario colombiano. Las dificultades financieras y operativas de algunos actores, las deudas con prestadores, las barreras administrativas, las demoras en autorizaciones y la falta de continuidad de determinados tratamientos terminan teniendo consecuencias que van más allá de una enfermedad específica.
El Gobierno reportó que entre enero y julio de 2026 la Superintendencia Nacional de Salud recibió 1.220.142 reclamos, equivalentes a alrededor de 5.700 reclamos diarios, y que el 92% estaba relacionado con barreras de acceso a servicios y tecnologías en salud. Esta cifra corresponde a la información presentada por el Gobierno para justificar el Plan de Choque y debe entenderse como un indicador de problemas de acceso reportados por los usuarios, no por sí sola como una medición integral de todas las dimensiones de la crisis del sistema.
En salud mental, las consecuencias de estas barreras pueden ser especialmente graves. Una consulta psicológica o psiquiátrica aplazada, la interrupción de un medicamento, la dificultad para acceder a hospitalización cuando existe riesgo suicida o la ausencia de seguimiento después de una crisis pueden romper la continuidad de un tratamiento precisamente en el momento en que el paciente presenta mayor vulnerabilidad.
El Plan de Choque es una oportunidad que debe llegar también a la salud mental
El 21 de septiembre de 2026 el Gobierno Nacional puso en marcha la primera fase del Plan de Choque en Salud, concebido como una estrategia extraordinaria y temporal para resolver atenciones represadas y recuperar la continuidad de los tratamientos.
Esta primera fase prioriza a pacientes con enfermedades que pueden comprometer la vida o producir pérdida irreversible de la respuesta terapéutica, entre ellas cáncer, trasplantes, enfermedades huérfanas, enfermedades neurodegenerativas, diabetes insulinodependiente y VIH. También incluye patologías con alto riesgo de hospitalización, como EPOC, asma, insuficiencia cardíaca y enfermedad renal crónica, además de gestantes que requieren tratamientos esenciales.
Pero existe un elemento particularmente relevante para el Día Mundial de la Salud Mental: el propio Gobierno ha incluido la salud mental entre las condiciones contempladas dentro del Plan de Choque. La Presidencia señaló expresamente que entre los pacientes afectados se encuentran personas con problemas de salud mental.
La importancia del Plan de Choque para la salud mental dependerá, sin embargo, de que la identificación de pendientes no se limite a procedimientos y medicamentos. Debería permitir también identificar consultas de psicología y psiquiatría aplazadas, tratamientos interrumpidos, hospitalizaciones pendientes, controles posteriores a intentos de suicidio y pacientes que han quedado sin continuidad terapéutica.
El Código Dorado: una respuesta específica frente al suicidio
El Plan de Choque coincide con otra decisión reciente del Ministerio de Salud: la creación del Código Dorado, mediante la Resolución 0347 de 2026, como parte de la Estrategia Nacional para el Cuidado Integral de las Personas con Conducta Suicida.
El objetivo es garantizar atención inmediata, continua e integral, reducir las barreras de acceso e incorporar seguimiento antes, durante y después de una crisis.
La existencia simultánea del Código Dorado y del Plan de Choque ofrece una oportunidad para articular dos problemas que tradicionalmente han sido tratados por separado: la respuesta clínica a la crisis y la capacidad efectiva del sistema para garantizar continuidad del cuidado.
¿Qué debería significar el Día Mundial de la Salud Mental para Colombia?
La principal conclusión que dejan los datos disponibles en 2026 es que Colombia no enfrenta únicamente un problema de mayor demanda de servicios de psicología y psiquiatría. Enfrenta un desafío de transformación del modelo de atención.
Cinco prioridades parecen especialmente relevantes:
- Integrar efectivamente la salud mental en la atención primaria. La detección temprana de depresión, ansiedad, consumo problemático de sustancias y riesgo suicida no puede depender exclusivamente de especialistas.
- Convertir la prevención del suicidio en una política territorial. Los datos muestran diferencias importantes según edad, sexo y territorio. Las estrategias deben incorporar escuelas, familias, comunidades, atención primaria y redes sociales de apoyo.
- Garantizar continuidad asistencial. La oportunidad de una consulta, la entrega de medicamentos y el seguimiento posterior a una crisis deben formar parte de indicadores explícitos de desempeño del sistema.
- Reducir las desigualdades territoriales. Colombia necesita fortalecer capacidades de salud mental en municipios y departamentos con menor oferta, utilizando equipos comunitarios, telemedicina, agentes comunitarios y mecanismos de referencia y contrarreferencia.
- Incorporar a las personas con experiencia vivida en las decisiones. Esta es precisamente la invitación de la OMS para 2026: pasar de hablar sobre las personas con problemas de salud mental a construir las políticas con ellas.
Conclusiones
El aumento de los problemas de salud mental, las brechas de atención y las dificultades para garantizar tratamientos oportunos convierten la salud mental en uno de los grandes desafíos de los sistemas sanitarios. En Colombia, la nueva Encuesta Nacional de Salud Mental, el incremento de la conducta suicida y las barreras de acceso evidencian la necesidad de pasar de las declaraciones a una respuesta sostenida. El reciente Plan de Choque en Salud abre una oportunidad, pero su alcance dependerá de que la salud mental sea incorporada de manera efectiva a la recuperación de la continuidad asistencial.
En 2026, el mensaje de la OMS resulta especialmente oportuno para Colombia: escuchar las experiencias de quienes viven los problemas de salud mental debe ser el punto de partida para transformar los servicios. Escuchar, sin embargo, solo adquiere sentido cuando se traduce en decisiones, recursos y atención efectiva.
Fuentes
- Organización Mundial de la Salud. Día Mundial de la Salud Mental 2026: “Escuchemos a las personas con experiencia vivida: voces reales, cambio real”. OMS – Día Mundial de la Salud Mental 2026
- Organización Mundial de la Salud. Mental Health Atlas 2024. OMS – Mental Health Atlas 2024
- Organización Mundial de la Salud. Mental health – datos y respuesta mundial. OMS – Salud mental
- Ministerio de Salud y Protección Social. Encuesta Nacional de Salud Mental 2025. Ministerio de Salud – Estudios y Encuestas
- Instituto Nacional de Salud. Situación de los intentos de suicidio en Colombia. INS – Salud mental y vigilancia
- Ministerio de Salud y Protección Social. Código Dorado y prevención del suicidio, 2026. Ministerio de Salud – Código Dorado
- Ministerio de Salud y Protección Social. Plan de Choque en Salud, septiembre de 2026. Ministerio de Salud – Plan de Choque





